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CHILE O UNA NECESARIA INYECCIÓN DE REALIDAD

Al final todos los ciudadanos tendremos que pagar el incendio del Metro, la quema de bibliotecas, templos, buses y universidades, el saqueo de supermercados, la quiebra de Pymes y etc.
Y ya lo estamos haciendo.
Tendremos que pagar hasta el último peso pues el Estado somos nosotros.
Y la carga más grande la llevará la generación que aplaudió.
Lo único que hay que hacer -y se va finalmente a hacer- es mejorar a partir de lo que hay.
Después de cientos de elecciones, después de la Nueva Constitución y toda la chimuchina eso es lo que va a suceder.
Mejorar desde lo existente.
A este país le falta una inyección de realidad.
Todo se puede hacer sin destruir, sin saquear, sin insultar.
Es falso que los cambios se deben a la primera línea, esos lamentables hechos sólo le agregaron un tono trágico a un proceso que se veía venir.
La gran marcha en Santiago de un millón de personas fue mucho más significativo que los destrozos y saqueos.
Pero no se destacó lo suficiente por conveniencia.
Ahora tendremos que elegir el nuevo camino con más o menos drama.
Aunque a algunos no les guste lo único que va a suceder es un mejor capitalismo, con más sentido social o lo que sea.
Esos admirados países del "Estado de bienestar", Suecia, Finlandia, Noruega, Canadá, Nueva Zelandia, etc., son todos capitalistas.
Eso si no son neoliberales.
Lo más macondiano de este país es hablar en abstracto de "Estado social de derechos", de "Igualdad", de "Inclusión", y no escribir ni una sola línea ni en qué consiste ni cómo se va a lograr.
Y peor aún sin dar ejemplos concretos con la propia vida.
Ese es un método fallido desde el principio.
Lo único que tenemos que hacer es ponernos a conversar mientras trabajamos para llevar el pan a la mesa.
Eso es actuar conforme a la realidad.
La verdadera revolución es mejorar las cosas mientras trabajamos.
Lo demás es demagogia, utopía, flojera, ansias de poder, enajenación ideológica, delirio faraónico, infantilismo político o desfachatez