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CÓMO SALIR DEL ABISMO

Me temo que se requiere mucho más que un cambio de gobierno para que pasemos a ser una sociedad responsable.
Los valores, costumbres y formas de vida colectivas obedecen a padrones más profundos que un simple cambio de gobierno, aunque sea de un signo político diametralmente opuesto.
Para que empecemos a salir adelante como país y como sociedad, el próximo gobierno del signo que sea va a tener que ser una "dictadura legal".
Esto por la fuerza de los hechos no porque sea un deseo mío o de algunos.
Un gobierno de "izquierda dura", pongamos el caso, tendrá que enviar a Carabineros a controlar o reprimir a eventuales manifestantes de una "Nueva primera línea" a la plaza Baquedano o como sea rebautizada.
Y eso en todas las ciudades del país. Entonces ahí si que "para derrotar al fascismo", los "pacos serían patriotas, porque apoyarían la revolución".
Ahí si que habría que meter bala y que se escondan los observadores de Derechos Humanos.
Hace años, se ha instalado la cultura de la queja, de no valorar lo que tenemos, de no amar a este país, de no controlar los impulsos, de no respetar a las autoridades, las que dicho sea de paso hacen todo lo posible para que no se las respete.
Sobre todo he insistido en la obligatoriedad de poner límites a las conductas y a las expectativas.
Ahora la "Libertad" (en versión bruta), se ha erguido como el nuevo Tótem, como una nueva religión tras la desvalorización, del cristianismo.
Si yo deseo hacer algo nadie me lo tiene que impedir, ya sea violar, asesinar, incendiar una casa, edificio público o templo, apropiarme del dinero de privados o fiscales, comer papas fritas sin límite, compartir en las redes todo lo que calza con mis prejuicios, o con mi estupidez, y por cierto evadir el pago de la pensión alimenticia, del pasaje en metro o en micro, de los impuestos y de todo lo que se pueda, y haciendo oídos sordos a que somos una sociedad normada, a que existen leyes, jueces, policías y castigos.
Y como guinda de la torta atacando a todo lo que huela a riqueza, a desarrollo económico, y a empresariado.
Odian a las mineras, a las forestales, a la agroindustria, a los bancos, a las salmoneras, pero vamos pidiendo más hospitales, más escuelas, más bonos, más gratuidades por doquier.
Lo malo es que en este nuevo paradigma de la libertad absoluta, de la libertad ilimitada, me encuentro con unas malditas leyes, malditos jueces y malditos policías que restringen mi sagrada libertad.
La increíble paradoja es que esas mismas personas vociferan por una sociedad más justa y más digna.
Ni en un milenio de gobiernos podremos salir de este abismo si primero no cambiamos nosotros.

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