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PLEBISCITO EN LA MONTAÑA

Fue toda una preparación logística y espiritual. Dos horas y cuarto desde Loncomilla a Puente Negro, lugar precordillerano donde vivíamos antes y donde está vigente nuestra inscripción electoral. Cuando nos cambiamos a Loncomilla ya estaba cerrada la posibilidad de cambiarse.
 
Primera parte del plan
 
Domingo preparando nuestro almuerzo y cargando el auto con todo lo que pudiera hacer falta. Dado que ya nadie de la familia nos visita viajamos siempre solos y la cabina trasera se ha convertido en bodega de casi todas las cosas.
 
Autopista impecable, más vehículos que de costumbre. En la noche llovió a cántaros y nosotros con madera a la intemperie. Hubo que cubrirla con plásticos y piedras. Pero hoy con este Sol primaveral nadie creería que anoche nos visitó el invierno.
 
Pasamos San Javier, Talca, Curicó y Chimbarongo.
 
Tomando a la derecha en San Fernando hacia la cordillera se nos aprieta el pecho. Nuestra casa en Puente Negro nos recibió con sus árboles cargados de cerezas, sus ríos Tinguiririca y Claro y su suave calor después de casi habernos congelado en Angol.
 
Nuestra odisea de cinco años buscando un lugar para comprar cambió de giro al definir Puente Negro como una sede de operaciones para buscar casa en la Sexta Región, ya no más ilusiones de la casita en la montaña.
 
Ahí estaba la escuelita de montaña esperándonos, militares y carabineros muy jóvenes y muy sonrientes. Acá casi todos se conocen. Las familias están emparentadas entre si con el hilo conductor del apellido Briones, los fundadores de Puente Negro.
 
Entramos con nuestro carnet y lápiz azúl buscando las mesas.
 
Los vocales muy amables.
 
Después de sólo minutos, nos juntamos en la puerta de salida emocionados por haber cumplido el sagrado deber cívico.
 
Cualquiera sea el resultado, nos dijimos, tendremos nuestro corazón en paz pues hemos sido partícipes de un hecho trascendental.
 
El "Cerezito", nuestro Ford Fiesta que es parte de la familia Carreño Bello, nos enciende la luces como saludo.
 
Segunda parte del plan.
 
Dirigirse más hacia el este en el sentido de las Termas del Flaco para almorzar en el lecho del Río Claro. Y si es posible bañarnos
El "Cerezito" galopa muy contento con su característico silbido.
 
No es fácil encontrar el escondido acceso, muy celosamente guardado por los lugareños para que no lo invadan los forasteros, actitud muy comprensible dado que el hermoso balneario natural en el pueblo de Puente Negro ha sido convertido en basural por gente que viene a "disfrutar de la naturaleza", pero no se lleva la basura.
 
Llegamos a un punto de fin de la huella de auto y hay que comenzar el descenso por un sendero cubierto de bosque nativo.
 
La visual esposa está extasiada. Nos unió el amor a la naturaleza y el deseo profundo de vivir en armonía con ella. lejos del tráfago y la violencia de la ciudad.
 
Por aquí boldos, más allá peumos, más abajo maquis y litres. Y los quillayes protegiendo todo.
 
Arriba se pasean los silenciosos aguiluchos.
 
Los tricahues se encargan de poner el sonido.
 
Bajamos sin mascarilla, ni una sola alma a la vista, la esposa se maravilla ante el despliegue de flores silvestres.
 
De a poco se comienza a sentir el ruido del agua, volvemos a tener quince años y nos dan ganas de correr. Nos sentamos en las rocas a centímetros del caudal.
 
Al estar en la base del cajón del Río Claro, y mirar las majestuosas montañas nos sentimos al mismo tiempo empequeñecidos y bendecidos.
 
Este lugar casi virgen y prácticamente desconocido para el grueso público es un punto de perfecta síntesis entre el cielo y la tierra.
 
Jugamos a ponerle nombre a las figuras que forman las nubes. Por aquí un pato, por allá un cisne.
 
A veces simplemente guardamos silencio, la felicidad nos embriaga.
 
En un momento dirigimos la mirada hacia las montañas más alejadas y recordamos la tragedia del avión de la Fuerza Aérea Uruguaya que se estrelló en esos lugares en 1972.
 
Por acá todos saben la verdad, el famoso arriero recientemente fallecido que se adjudicó el haberlos encontrado no es el verdadero, era el patrón del héroe que los encontró. El sólo informó a Carabineros de Puente Negro pero se llevó todo el crédito.
 
El humilde arriero que se encontró con los dos uruguayos de avanzada, falleció ya hace muchos años y su acción nunca fue reconocida como correspondía.
 
La prensa como casi siempre se quedó con los hechos aparentes y nunca nadie hasta ahora ha intentado averiguar con seriedad para saber la verdad. Sólo tiene que preguntar en la Isla de Briones.
 
Para cerrar esta expedición entramos por un estrecho desfiladero entre el risco y el río, lugar preferido para lanzarse piqueros al río en el verano, y nos sentamos a ver pasar el caudal que ruge con fuerza.
 
Damos gracias por estar aún vivos en este lugar sagrado cargado de belleza y sentimos un pedazo de eternidad.
 
Después del rito de gratitud comenzamos a subir el angosto sendero hasta llegar al lugar donde nos esperaba nuestro autito.
Rumbo a casa por la Ruta 5 hacia nuestro hogar en el sur, en Loncomilla, analizamos que todo lo que había sucedido era porque habíamos decidido votar en el plebiscito.
Nosotros, recordando al maestro Tagore, ya sabíamos el resultado:
"Nadie es eterno, hermano, y nada pervive. Recuerda esto, y alégrate".

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